El valor de un redactor para un sitio web

Publicado por en  Desarrollo Web
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Redactor para sitio webEl mundo de Internet ha devenido en un multiverso donde conviven desde las creaciones más sublimes hasta las aberraciones más abominables, a un clic de distancia. Le es prácticamente imposible a un navegante de estas aguas saber de antemano qué le espera dentro de cada página, si no ha oído de la misma a priori.

Usualmente el web zapping se hace casi a ciegas, o por referencias o por intuición, dejándonos llevar por un anuncio llamativo, una imagen atractiva o por el viento virtual. Pero lograr que alguien entre una sola vez en un sitio es como lograr que alguien te mire en un club, hay muchas formas de atraer los ojos para lograrlo, pero realmente tal consecución significa poco. En una selva tan salvaje como ésta, sólo hay una forma de trascender la superficialidad de ese primer contacto, y ésta es establecer cierta relación con el visitante para que éste deje de ser tal y se transforme en usuario, de mayor o menor regularidad, pero ya no apenas un pasajero fortuito.

Es relativamente fácil que alguien pase por tu página, pero para generar una diferencia hay que lograr que ese alguien quiera quedarse o quiera volver. Y la única forma de llegar a generar eso es con contenido de calidad. Un buen diseño siempre ayuda, una plataforma ágil e imágenes atractivas también, pero el contenido es la pieza clave del anzuelo que engancha el espíritu del lector. Nadie manda a favoritos una página porque ésta “se ve guapa”. He ahí la gran importancia de invertir en calidad a la hora de crear contenido, y he ahí el rol clave de un buen redactor web.

El contenido es lo más pregnante de cualquier comunicación, lo que queda, lo que fecunda el alma de aquel a quien se le expone. El contenido puede ser más o menos interesante para uno u otro (cada persona tiene sus gustos y cada web su temática) pero es imperante que sea de calidad. Cada vez que un lector ve un error de tipeado o de ortografía, o se tropieza con pleonasmos y redundancias que le agravian los ojos, cada vez que el lector escucha (en la voz mental con la que lee) una frase mal construida o un concepto desarrollado banal o infantilmente se siente poco protegido, poco querido, siente que esa página no se preocupa por él y puede hasta llegar a sentirse insultado, con todas las connotaciones psicológicas que tales emociones conllevan. Si un lector se va de una página con ese mal sabor de boca, es difícil que regrese y mucho más difícil que la recomiende a otros.

La parte más profunda de la relación que se genera entre una página web y su lector pasa a través del corazón cognitivo, que es el cerebro, puerta al espíritu, si se quiere (al fin y al cabo psicología es –etimológicamente- estudio del alma, o psyche en griego), y a éstos se llega a través del arte de trabajar con la palabra, o sea, de la redacción. Dejar ese factor, el más pertinente acaso, librado al azar -o, peor, a la incompetencia- es denigrar al lector y casi pedirle de rodillas que no vuelva.

En conclusión, si se quiere entablar relaciones sanas con los lectores y desarrollar en ellos el más mínimo sentido de lealtad o “afecto”, no se debe escatimar en contenido, o sea, en redactores web.

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Invitado Domingo, 24 Septiembre 2017